
Por de pronto, no se sabe si viene de color rosa-magenta o naranja; ahí anda en quiebros y requiebros… el mes de mayo, te lo diré.
Como los caracoles, hay quien necesita de unas condiciones óptimas, para su natural deslizamiento.
Como los caracoles, hay quien, si no se dan las condiciones óptimas para su desparramo, prefiere aguardar oculto en su caparazón, sellando la entrada de su concha con opérculos de sus propias babas solidificadas; aunque hay quien piensa que la tapadera la forman otros babosos dispuestos a hacer de guardia pretoriana o, mismamente, de censores cortacabezas.
Como los caracoles, hay que recurrir a la taxonomía linneana para poder establecer un orden lógico con los elementos con que se junta.
Como el caracol de un conocido problema matemático, en cuyo planteamiento se dice que, durante el día el gasterópodo trepa un determinado trayecto, pero que durante la noche resbala a causa de sus babas, descendiendo así parte del nivel alcanzado. Pues ésa es cosa; eso es lo que suele acontecer a los gasterópodos excesivamente babosos: parece ser que por mucho ahínco, y hasta fullerías que le echen al tema, el trepar se les puede ir al garete, precisamente por ser eso: por ser excesivamente babosos.
Como los caracoles, los hay que cuando creen que se dan esas condiciones óptimas para su “caracolez”, sacan los cuernos y se dejan llevar por sus babas.
Hay quienes se creyeron que se suicidaba; pero nos sabían que si se moría, era para resucitar a su buena -o al menos vocacional- causa: ¡qué poco le conocían!: lo hizo en su afán trepar; para disimular; para que quienes no lo conociesen, no lo conociesen… pero quiá, siempre igual este Don Bambas...y es que entre sus recursos, este Don Bambas, los cambios sólo son formales… tal vez ande falto de imaginación o puede que sea que se aferra a aquello que le ha funcionado... ¡qué poca capacidad de abstancción este Don Bambas.
Y ahora, en sus elogios, en la dirección en que los envía, hay quien intuye una vuelta a sus orígenes… o por lo menos a los orígenes de sus días warholianos. ¿Será que se siente poca cosa... o puede que se lo hayan hecho sentir? (¡Es que ni una cervezaaaaa!).
¡Cosas veredes! ¡¡¡Mira que si lo vemos resucitar a y desde sus bambas!!!!
Se dice, se comenta, se apunta y hasta se intuye, que como carne en su asador está utilizando la finura transmutada en metáfora; y así, se refiere a otro para referirse a sí mismo.
Se dice, se comenta, se apunta, intuye y hasta se sospecha, que el felón vocacional está recibiendo más que una estera y que como astuto y felón que es, se está abriendo hacia otros puertos de los que se hace lenguas, el muy solapado lenguaraz.
Se dice, se comenta, se apunta, intuye, se sospecha y hasta se hacen lenguas por ahí, de que está volviendo sobre las huellas de sus bambas, hacia lugares y seres antaño odiados y hogaño loados, váyase usted a saber por qué extraña manera de valorar en positivo lo anteriormente negativo… será cosa de intelectuales que uno no alcanza.
Se dice, se comenta, se apunta, intuye, se sospecha, se hacen lenguas por ahí y hasta hay quien piensa, que quien de la defección ha hecho su forma de acción, no cabe más que esperar, una y mil veces, su defecación. Pero siempre mostrándose políticamente correcto, ¡ea!